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lunes, 13 de agosto de 2018

Tu vida en el propósito eterno

En ocasiones suele suceder que el ser humano se pregunta cuál será su destino y cómo sus decisiones afectarán su futuro. Luego de vivir varias experiencias y compartir con otros podríamos sentir que mientras pasan los días nos aferramos a la idea de no renunciar a lo que nuestro corazón  puede sentir acomodando y ajustando nuestra visión a una más humana. Nos resulta dificil mirar al cielo y pensar que pertenecemos a un lugar que no hemos visto, no conocemos y quizas se ve distante.

Cuando eramos niños se nos enseñó a a adaptarnos a una vida social, obedecer las normas y cumplir con los deberes para una convivencia saludable, sin contar con la realidad de que nuestra vida no comienza con la llegada al mundo durante el proceso de nacimiento. La palabra es clara cuando dice en Jeremías 1:5 "Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré"

Por tanto nuestra historia comienza en un plano eterno donde había una conexión espiritual donde no existían límites de encuentro entre la figura de Jesucristo y el ser humano. Este tiempo que se produce mucho antes de que nuestros ojos fuesen abiertos. El deleite de pertenecer y disfrutar de la presencia de nuestro Dios es una experiencia que el alma anhela constantemente. Ese clamor desde el interior para algunos podría ser una incognita. Para el incrédulo es imposile pero ciertamente es real. Una vez regresamos a la búsqueda de los tiempos de intimidad y encuentro con Dios somos expuestos a una experiencia memorable.

Es memorable por que nuestra conciencia eterna lo reconoce y lo vive.


Hagamos un esfuerzo por reconocer la necesidad de Dios, entender que los procesos que atravesamos solo son en parte la historia de vida que formará parte de recuerdos y experiencias como seres humanos que trascendemos y somos transformados a la imagen de quien nos creo. Debemos aceptar la invitacion de no hacer tesoros en la tierra que puede perecer sino contemplar ese futuro lleno de esperanza que nos fue prometido. Ese sentido de unidad con el Padre permite que no esperemos una retribución material o física. La esperanza se vuelve una viva, como la experimentó Abraham "esperanza contra esperanza" a fin de cumplir con el proposito al cual fuimos llamados.

Dios te bendiga!
Un abrazo